lunes, 10 de marzo de 2014

Joaquín Moreno Pedrosa

LA POESÍA MÁS ALLÁ DE LA POLÉMICA
(premios)



            Quien haya cometido el error de leer esta gacetilla con anterioridad sabe que desde hace años sigo con interés el Premio Adonáis de Poesía y que le he dedicado más de una entrada. En algunos casos he preferido el accésit al premio; en otros ninguna de las propuestas me ha convencido; pero en otros, y son muchos, las elecciones me han hecho descubrir a jóvenes poetas. Yo también hubiese querido ser Premio Adonáis o, cuanto menos, Suscriptor de Honor.

            El Premio Adonáis 2013 ha recaído sobre Joaquín Moreno Pedrosa por Largo viaje, Madrid, Rialp, 2014. El jurado estuvo compuesto por nombres que nosólo me son familiares, sino sobre todo por poetas a los que admiro: Eloy Sánchez Rosillo, Carmelo Guillén Acosta, Julio Martínez Mesanza, Joaquín Benito de Lucas y el jerezano Enrique García-Máiquez. Estos nombres deberían ser suficientes como para no dudar de la calidad del último Adonáis: se trata de autores cuyo criterio yo no me atrevería a poner en duda.


            Joaquín Moreno Pedrosa nació en la insólita ciudad que se mira el ombligo y se complace en su suciedad allá por el año 1979. Por entonces las arterias de la ciudad estaban abiertas buscando un futuro que sólo llegó de forma parca varias décadas más tarde. Nuestro poeta tiene, por tanto, treinta y cinco años: no es joven, pero aún no ha llegado a la madurez. Había publicado anteriormente Desde otro tiempo y participó activamente en el grupo poético Númenor, nombre de resonancias un tanto tolkienianas y excéntricas. Que yo sepa, la revista Númenor ha dejado de publicarse y el grupo, si puede decirse así, se ha desvanecido en los humos del tiempo y las disputas. De aquel grupo formaron parte Ángel Custodio, Iván García Jiménez, Javier Parilla y otros. Con ese grupo, no es casualidad, estuvo relacionado Enrique García-Máiquez. Algunos de los miembros habían conseguido accésits del premio, pero ninguno lo había ganado. Y se ha levantado la tolvanera de la polémica.

            Tuve conocimiento de la pequeña polémica por la gacetilla de García-Máiquez, pues se encuentra entre las que recomiendo. De ahí pasé a leer lo que el trece de diciembre había escrito Javier Sánchez Menéndez, creador de La Isla de Siltolá. Tanto el premiado este año como éste debieron pertenecer otrora al Opus Dei (el grupo Númenor nació, de hecho, en un colegio de esa institución), al menos es lo que me parece deducir de toda la polémica. Puede ser que la rabieta de Javier Sánchez se reduzca al Ὄμφακές εἰσιν, que dijo la zorra, y que a mí me hicieron traducir allá por quinto de bachillerato. Como los acertijos van en latín—lengua nada despreciable—y no en griego, traduciré: están verdes o, recordando a Jeremías, son agraces. Y es posible que el Premio Adonáis se haya convertido en agraz… para quien no lo recibe. Olvidan algunos que las jaculatorias  pueden ser hasta placenteras, por si se desea jugar con la lengua de Virgilio. Sé que son legión los críticos con los premios literarios; pero me parece que esas reticencias les duran hasta el momento de recibirlos. Las palabras del creador de La Isla de Siltolá son profundamente injustas: Pero no se trata solo del Adonáis, donde para ganar debes llevar un libro mediocre y decir en latín unas jaculatorias, aquellos premios a los que acude Chus Visor de la mano de García Montero también perdieron la ética hace muchos años. Y así todos los galardones. Pues quien mete en el mismo saco a todo, no ha metido a nadie. Falta un poco de agudeza, pero son las razones por las que se prefiere la frase al sentido.

            Hace poco escuché a un poeta (cosa que él no hizo conmigo, pues sólo me oyó y pensaba en la respuesta mientras oía mis palabras) una feroz crítica a todos los premios poéticos en la presentación de su poemario (una antología) en la que nos quiso hace creer cosas increíbles, pero poéticamente hermosas: nadie prevé lo que escribirá veinticinco años más tarde, salvo los estériles que giran en torno a una letra. Al leer “ganar el Adonáis, ahora, es un desprestigio. Ya saben los jóvenes, los nuevos poetas. O aprenden latín y se mortifican en las malas artes o se joden (con perdón)” he sentido una leve incomodidad (no sólo, conste, por ese uso enfáticamente afectado del verbo joder, que en castellano significa tanto dar placer como fastidiar, y por lo que no veo ninguna razón para disculparse). Antonio Gala, al que no admiro como poeta, respondió sabiamente en cierta ocasión a un entrevistador descerebrado: ¿pero qué tiene que ver el culo con la pluma? Javier Sánchez no es La Fiera Literaria que, al menos, hacía largas y suculentas críticas. Lo asombroso es que las palabras salieran de sus dedos (no sé si de la pluma o del procesador de textos) antes de haber leído el poemario. Esto, sencillamente, las descalifica.

            Una polémica pequeña, quizás provinciana, y agraz. Entra dentro de lo posible que estas agraces las comieran los padres hace muchos años y ahora los hijos tengan dentera; pero me parece más probable que la dentera la padezca quien en otro tiempo tomó agraces. Admito, sin embargo, que no soy nadie para entrar en esta discusión, pero mi ojo aún no ha sido cegado por Odiseo. Nadie tiene la costumbre de observar y haciéndolo como habitúa se ha sentido incómodo, pues los ajustes de cuentas—con el propio pasado sobre todo—suelen ser parciales y, por tanto, injustos. No obstante, admitiré sin reservas que disfruto un poco, aunque no como para renunciar al huisqui, con estas polémicas cuyo interés mueve el corazón de las multitudes… Pero aún no he hablado del poemario y ¿en qué cabeza cabe tal desliz?

            Joaquín Pedrosa ha escrito un poemario que cabría calificar, tanto por la temática como por la métrica, de clásico. En endecasílabos o alejandrinos canta a la amistad, a la infancia, al paso atroz del tiempo, al amor que no llegó a ser y al que se fue…

Te llamo, demasiado tarde ahora.
No te toqué jamás, y nadie sabe
qué tesoros por eso se han perdido.
Para mis labios secos ya no queda
ni un poco de ese otoño menta y ámbar.
Y sólo rezo por que no te encuentres
maldita tú también, como si hubiéramos
ofendido a algún dios, roto un precepto
en el templo vacío donde jugamos juntos.

            Temas universales, pero no abstractos, que nos alcanzan con una extraña cercanía. Es un poemario inteligible y en el que se notan los más de diez años que ha empleado en realizarlo, porque Largo viaje no es una obra juvenil, sino que en él se adensan las experiencias personales, acumuladas, y chocan todas con el paso del tiempo:

Nublado

Con las nubes, la tarde se hace más solitaria.
A su luz vez los días, cómo crecen las horas
grises, sin horizonte. A algún sitio que ignorar
se marchan, con el viento. Que sea extraordinaria
la tierra donde lluevan, que den fruto logrado.
Pero también escuchas un canalón, que todo
tu miedo guarda intacto. Allí sueña, en el lodo,
la lluvia de otro tiempo, sobre un patio olvidado.

            El autor ha procedido usando fundamentalmente endecasílabos (y algunos alejandrinos blancos) y ha construido un poemario bien equilibrado. Dividido en tres mitades, late en  los versos una corriente profunda que cuestiona y busca el sentido de lo vivido, capaz de abrirse felizmente a la transcendencia:

Invocación de abril

Háblame así, tan cerca de las cosas
que yo pueda escucharte y volver pronto.
Enciende un fuego azul de jacarandas
sobre mi calle, dame cuatro amigos
para brindar con ellos por el mundo
y su lento naufragio. Que la vida
me devuelva a esas calles que llevaban
a una mujer y en otoño a la ciudad.
No quiero ser una raíz dormida
mientras cae la lluvia. Di mi nombre
y llévame otra vez cerca de todo.

            Debido a la polémica, tentado está uno de decir alguna tontería para terminar la reseña. Lo mejor es, sin duda, que cada cual lea el poemario y saque sus conclusiones. Yo lo he leído. Y me ha gustado, ¿no es eso suficiente?


            Shalom.

2 comentarios:

Angelus dijo...

Estos poetas... tantas veces dados a polémicas, más que en cualquier otro género literario. ¿Por qué? Quizás su engreimiento esté en el germen de las disputas. También es verdad que añade pimienta al cotarro literario, pero... ¿alguien, aparte de Vd. claro, se hace eco de sus peleas de patio de colegio?

Adaldrida dijo...

Buenos días.
El poeta que ilustra la foto no es Joaquín Moreno sino Jesús Beades. Y la revista Númenor no se ha disuelto, se ha ralentizado.

Un saludo,

Rocío Arana.