domingo, 23 de junio de 2013

Cristian Alcaraz

A LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD.
PREMIO DE POESÍA ANDALUCÍA JOVEN




             El otro día, de nuevo en Birlibirloque, a la que se debe felicitar por el esfuerzo de promoción literaria que realiza en la ciudad, fue presentado un poemario. En esta ocasión se trató del Premio de Poesía Andalucía Joven: Cristian Alcaraz, La orientación de las hormigas, Sevilla, Renacimiento, 2013. Fue presentado por Elena Medel, que en su día fue ganadora del mismo premio. Nacido en Málaga en 1990, Cristian Alcaraz había publicado previamente Turismo de interior, Córdoba, La Bella Varsovia, 2010, con el que ganó el III Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”. Por lo que sé, compagina los estudios de Filología Hispánica con los de Arte Dramático en la ESAD de Málaga. Figuró en la antología Tenía veinte años y estaban locos. Ha estado, además, durante un curso en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores; precisamente, La orientación de las hormigas ha sido, por decirlo así, fruto de su estación en la Fundación.

           
             Tuve ocasión de hablar unos instantes con Cristian Alcaraz e incluso le pedí algo que me firmase un ejemplar de Turismo de interior, algo que hago muy rara vez, porque suelo ser más aficionado a los libros que a sus autores. Es una persona amable y tímida, accesible y que, prefiriendo volar al destino, al finalizar la presentación, estaba deseando salir para tomar unas cervezas. Un encanto.

                 He leído los dos poemarios con atención y detenimiento, especialmente en La orientación de las hormigas. Aunque se lee con gusto e interés, debo admitir que no me ha entusiasmado, pues he echado en falta el brillo que nos hace estremecernos cuando somos tocados por la palabra poética. Sin forma reconocible, el poemario me parece más bien una búsqueda de la propia identidad y tal vez del propio estilo, pues comparado con Turismo de interior, el nuevo poemario tiene un tratamiento más personal. Sin duda, encontramos en ambas obras múltiples referencias a la podredumbre, a los fluidos corporales y a los excrementos. Este insistir en los desechos, sin embargo, se agota y cansa porque su reiteración no nos lleva a ningún lugar. Quizás la orientación de Cristian Alcaraz sea precisamente ésa: no saber con exactitud dónde se dirige; pero eso, lejos de ser un inconveniente, es una muestra de su implacable juventud y no me parece descartable que termine dedicándose al mundo del teatro, que tanto le gusta. He de decir, sin embargo, que algunos poemas de La orientación de las hormigas dan la impresión de haber sido escritos bajo la presión de publicar, como si el año en la Fundación Antonio Gala le hubiese obligado a completar un poemario; con perdón: un poco de burocracia administrativa, pero lo biográfico no se convierte por sí solo en poesía, sino que hace falta el penoso trabajo del recuerdo, de la memoria capaz de alcanzar un detalle que ilumina como un relámpago la noche de sentido en la que habitualmente nos movemos. Es verdad que en algunos poemas se perciben con nitidez los miedos de la infancia, ese temor producido por la imposibilidad de comprender los acontecimientos negros de la propia existencia:

[SI ESCUCHO LA HEBILLA…]

Si escucho la hebilla de un cinturón
pienso en la paliza. Dices.
Tener una conducta tal o tal
ocasiona tener un sufrimiento tal o tal
efecto.

Asocias vivir
a reconocerte en el desenlace de las cosas.
Dices: la consecuencia de sufrir
es dominar la mortalidad.
Dices: insultaré todavía a Dios
miles de veces.

Ahora que amanece antes de tiempo
la noche nos evita la conversación.
No dices nada.

Y yo,
como un soldado que regresa
y no se encuentra dentro de su propio dormitorio
discuto en el cansancio
con mis venas.

Ya estoy aquí. Ya he regresado,
¿y ahora?

            He leído a tres o cuatro autores ganadores del Premio de Poesía Andalucía Joven. Recuerdo bien El sol en la fruta, de Ioana Gruia, que me pareció bien escrito y construido (sin embargo, confieso que las páginas leídas de La vendedora de tiempo no me causaron el menor de los entusiasmos). Algún día tendremos que detenernos a pensar en la poesía y en la juventud, en las razones por las cuales la mayoría de los jóvenes—me refiero a los menores de veinticinco años—han abandonado la lectura de la poesía, porque esto también dice algo de los jóvenes poetas y de su capacidad para alcanzar a los de su generación; pero de esto hablaremos en otra ocasión, porque canso.

            Shalom.

1 comentario:

Cristina Márquez dijo...

Deduzco que el poemario no te ha gustado: ¿por qué no decirlo abiertamente?